“Muy, pero muy, grande tiene que ser el descontento nacional para que haya resultado tan numerosa y extendida por todo el país la movilización ciudadana y para que también se hayan cacerolazos contra el gobierno de Iván Duque”.

Por: Jorge Robledo.

“Estos son mis primeros comentarios sobre el paro del 21 de noviembre, la mayor protesta social de la historia de Colombia. Muy, pero muy, grande tiene que ser el descontento nacional para que haya resultado tan numerosa y extendida por todo el país la movilización ciudadana y para que también se hayan dado unos cacerolazos contra el gobierno de Iván Duque que tampoco tienen antecedentes y que ahí siguen. Y eso que tocó vencer la poderosa campaña de mentiras y manipulaciones orquestada desde la Casa de Nariño para impedir que los colombianos y las colombianas se movilizaran, llenándolos de miedo y de odios.

Mis reconocimientos a la ciudadanía de todos los orígenes, y particularmente a los jóvenes, que se la jugaron toda, y sacaron adelante un reclamo democrático y pacífico de tales proporciones. Y a las organizaciones de trabajadores, estudiantes, campesinos e indígenas, unidas en el Comité

Nacional de Paro, al igual que a otras muchas que jugaron papeles de importancia, y que orientaron, con todo acierto, la protesta en contra del paquetazo neoliberal de Duque. Paquetazo contra las pensiones, los derechos laborales de los jóvenes y el control de Colombia por parte de la OCDE, control que impone reemplazar la producción y el trabajo nacional por el realizado en el extranjero y contra los demás intereses y derechos de los sectores populares y las clases medias y empresariales. Y que además está detrás de la regresiva reforma tributaria en trámite.

En mucho se equivocan o engañan los que utilizan los actos de vandalismo para descalificar el paro porque sus organizadores y promotores y quienes lo respaldamos siempre llamamos que fuera democrático y pacífico, en tanto los actos de vandalismo, que repudiamos y repudiaremos, fueron producto de una ínfima minoría ajena por completo a la protesta y que actúo solo en representación de sí misma.

Hay que rechazar también los excesos de la fuerza pública en contra de quienes, en uso de sus derechos legales y constitucionales, se movilizaron pacífica y democráticamente, desproporciones que tan dolorosamente ilustra la violencia, por completo desmedida e innecesaria, contra el estudiante Dylan Cruz, quien salió a la calle en pos de su derecho a ir a la universidad, seguramente la más legítima aspiración de un joven. Muy repudiable es que contradictores del paro hubieran promovido, engañando, gran miedo y zozobra entre caleños y bogotanos, echándoles la mentira de “la toma de los conjuntos residenciales”. Qué irrespeto y maltrato a tantas familias trabajadoras y honradas. Cuánto se descalificaron a ellos mismos los que agredieron a la ciudadanía de esta manera.

La Procuraduría debe investigar a los servidores públicos que reprimieron el derecho ciudadano a la protesta democrática y civilizada y que utilizaron desmedida e ilegalmente la fuerza del Estado, que tiene que ser legal y legítima.

Y también debe investigar a los que dañaron propiedad privada para desacreditar el paro y a los que causaron pánico mintiendo sobre lo que pasaba.

Se equivocó el senador Gustavo Petro al intentar apropiarse, como si fuera suya, la muy amplia voluntad ciudadana de participar en el paro.

#politicaconLibertad