La corrupción es un tipo de transgresión a la ley, que en Colombia se volvió una mala costumbre y ha sido tan difundida que ha llegado incluso a no ser mal vista por ciertos inescrupulosos personajes y considerada por algunos políticos, altos funcionarios y contratistas como algo común y corriente, muy a pesar de lo perjudicial de sus nocivos efectos para la sociedad.

Ya es hora que se conozcan los resultados del trabajo conjunto que prometieron desarrollar desde meses pasados los titulares de los entes de control representados en la Contraloría, la Procuraduría  y la Fiscalía, quienes prometieron cerrar filas en un frente común anticorrupción que permitiera el trámite simultáneo de las investigaciones tanto disciplinarias como fiscales y penales correspondientes, sobre las irregularidades en las contrataciones que se suscribieron en tiempos de la pandemia en el municipio de Soledad.

La modalidad de los ‘chanchullos’ denunciados en los días iniciales de la pandemia  y los cuales tienen en sus agendas los entes de control, incluyen anticipos exagerados, descarados sobrecostos, inconsistencias en cantidades y calidades, falta de idoneidad de los proveedores, las infaltables roscas para favorecer a contratistas ‘calanchines’, existencia de abusos e indolencias que no se compadecen con la emergencia que agobia a millones de soledeños, pago de favores, por aquello de yo te ayudo, tú me ayudas, nosotros nos ayudamos, cotizaciones descaradamente amañadas, carruseles y otras irregularidades que no alcanzaría este espacio para enumerarlas todas.

Hoy traemos a colación algo que ha aflorado a la luz pública y causando el natural rechazo y estupor de un gran conglomerado de la ciudadanía del municipio de Soledad.

Aquel  ‘Gran pacto por Soledad’ pregonado con bombos y platillos durante su campaña proselitista por el hoy alcalde Rodolfo Ucrós ha resultado un solemne fracaso para los soledeños, que se quejan por el incumplimiento de su actual mandatario, ya que el cumplimiento de ese pacto se convirtió en una rechazable argucia caracterizada solo por la búsqueda del beneficio particular, patentizado en una feria de contrataciones que para el fisco de ese municipio ha causado quizás más efectos catastróficos que la misma pandemia que apareció en los albores de su administración.

La administración del actual alcalde del vecino municipio parece haberse preocupado más por el reparto de contratos, inversamente proporcional a la entrega de obras y el cumplimiento de sus compromisos adquiridos con la comunidad, hasta el punto que terminó el 2020 con una alcaldía que presenta cuadro caótico  y  una especie de cuidados intensivos con pronóstico reservado.

Es digno de destacar el hecho que a comienzos de la pandemia, al igual que el número de contagios por Covid-19, se disparó la firma de contratos con la administración municipal de Soledad, lo que fue denominada por la ciudadanía como una especie de virus llamado ‘contratitis’.

Se destacan  contratos como el del Hospital Materno Infantil d Soledad, por la bicoca de 3.160 millones de pesos pagaderos en tres contados de $790 millones, habiéndose  cancelado  el último el 31 de diciembre de 2020.

Otro con la Fundación la Infancia de Colombia Mejora, que aparece con un contrato firmado en medio de la crisis, cuya finalidad fue la de llevarle alimentos a los adultos mayores y cuyo valor fue firmado inicialmente por 1.500 millones de pesos y posteriormente le adicionaron $560 millones más.

Así como estos, son muchas las contrataciones que están siendo investigadas de manera minuciosa por diferentes autoridades de control y fiscalización ante la administración municipal de Soledad, a cargo del alcalde Rodolfo Ucrós.

Como complemento  de todo lo anterior, al parecer el alcalde Ucrós tendría una nómina paralela por prestación de servicios como apoyo a la gestión financiera que llevó al colapso la finanza presupuestal del municipio de Soledad.

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