Desde un año atrás Colombia ha venido padeciendo una grave tragedia representada en el aterrador panorama de la pandemia, últimamente con la incertidumbre de una nueva avalancha de contagios y muertes propinada por un enemigo desconocido como el Covid-19, situación que ha puesto contra las cuerdas a los gobiernos nacional, departamentales y locales.

Ahora aflora otra tragedia más, las protestas callejeras con vándalos a bordo, precisamente en los días más duros de la pandemia.

El país entró hace una semana en una espiral de protestas y enfrentamientos violentos entre manifestantes y fuerza pública, choques inéditos en la historia reciente de Colombia, por sus alcances y constancia.

La escalada de la violencia en todo el  territorio colombiano con epicentro en las principales ciudades entre las cuales Barranquilla, tiene ahora las principales carreteras bloqueadas, decenas de peajes destrozados y cientos de edificios públicos y privados quemados.

Todo esto con los consabidos perjuicios para el pueblo colombiano, al que pregonan defender los promotores de los desórdenes, es el mismo pueblo el que no encuentra explicación al hecho que luego de desaparecer el pretexto representado en la inconveniencia de una ley de Reforma Tributaria, que entre otras cosas ya fue retirada, ahora los organizadores del paro nacional estén empecinados en causarle otro duro golpe a la economía de los ciudadanos que ahora tendrán que enfrentar el aumento exagerado en el precio de los productos de la canasta familiar que llegan a los mercados y tiendas.

Un fenómeno que ya  comienza a observarse en la ciudad de Barranquilla, como consecuencia de los bloqueos en las carreteras, actos protagonizados por los promotores de las marchas de protestas diseminadas en todo el territorio nacional.

Ya es notoria la escasez de muchos productos de la canasta familiar que no han podido llegar a los centros de consumo, lo que simultáneamente ha traído como consecuencia el incremento de los precios  de los mismos, presentándose al tiempo un brote especulativo por parte de inescrupulosos comerciantes que aprovechan la situación para encarecer los precios.

En el caso de nuestra ciudad, por tercer día consecutivo la Central de Abastos del Caribe   se ha visto afectada por las alteraciones del orden público que han generado bloqueos, además de no estar ingresando mercancía  desde los Santanderes, Boyacá, Quindío, Risaralda y de otras zonas, debido a los obstáculos antes relatados.

Los camiones no pueden llegar a las ciudades, los surtidores de gasolina están tomados por vándalos, los anaqueles en los supermercados empiezan a mostrar una escasez no usual en un país acostumbrado a la estabilidad política y económica.
La aparición de los  vándalos en las marchas ha demostrado hasta la saciedad que estos escuadrones reciben instrucción para cometer actos al margen de la ley y que antes de salir a las calles son sometidos a entrenamientos que incluyen fabricación de explosivos, formación en estrategia militar, tácticas y hasta asesoría jurídica.

A las marchas las penetran para cabalgar en sus convocatorias y por lo que estamos asistiendo a una nueva versión urbana de la combinación de todas las formas de lucha patentizado en la infiltración en las marchas para crear el caos.

El derecho a la protesta en la forma como actúan no puede prevalecer sobre el derecho a la vida de los policías y resto de ciudadanos de bien; el derecho a la movilización de los vándalos no puede prevalecer sobre el derecho a la propiedad y al trabajo de toda la comunidad, por eso deben responder ante la justicia por los delitos que cometen.

#politicaconlibertad