No cabe duda que la justicia social y una paz estable y duradera continúan figurando en el primer plano entre las principales aspiraciones por cumplir, las cuales con toda seguridad seguirán demandando el esfuerzo de la Nación para conseguir que el crecimiento de que tanto nos han hablado, se traduzca en la construcción de una mejor sociedad, en la cual la equidad debería ocupar un lugar de mayor preponderancia, aunque igualmente no se puede ocultar que sobre Colombia siguen pesando amenazas generadas por los grupos de violencia, alimentada por toda clase de delincuencia que giran a su alrededor.

Para todo esto se invierte gran parte de recursos que bien podrían utilizarse en educación, salud y, en general, en la solución de las necesidades básicas insatisfechas, factor que afecta a una gran parte de nuestra Región Caribe, en donde los factores de desigualdad social afectan a más de la mitad de la población; si bien algo se ha logrado en la reducción de la pobreza, aún queda mucha “tela por cortar”.

Esos siguen siendo los grandes desafíos para nuestra nación, tanto para el presente como para el futuro, todo lo cual se podrá alcanzar si se ponen por encima de los intereses individuales y de las disputas politiqueras, convirtiéndolos en cambio en propósitos colectivos.

Sin duda alguna son tareas que se encuentran en la agenda de los mandatarios conscientes de esta situación.

De ahí que no cause sorpresa alguna, los resultados del último estudio desarrollada por el Dane en el que se estableció que el 61.8 de los hogares de la Región Caribe no tienen los recursos para atender sus necesidades básicas; de acuerdo con la encuesta Pulso Social del Dane, el 75% de los jefes de hogar y sus cónyuges, afirmaron que  la situación económica actual de sus hogares es peor, comparada con la de hace 12 meses.

Resulta  inaceptable  que en el tercer milenio todavía encontremos en nuestra Región Caribe,  poblaciones que carecen de los más elementales servicios básicos y en donde sus habitantes viven en las más paupérrimas condiciones, en  medio de toda clase de necesidades.

Lamentablemente esa es la radiografía social de muchas de nuestras localidades, especialmente  del sector rural de esta sección del país, zona que de manera ancestral ha padecido un inquietante olvido gubernamental, que hoy en día se refleja en  sus bajos índices de desarrollo y progreso.

Ante ese abandono de muchos años, no es de extrañar las informaciones que publicamos con frecuencia en nuestras páginas, relacionadas con la situación que se vive en muchos municipios y corregimientos de nuestra región Caribe, destacándose el eterno problema que representa la total carencia de recursos  para así aliviar  las condiciones infrahumanas que padecen muchos conglomerados regionales, en donde  la crisis apunta hacia la marginalidad, tal como lo  divulgó el Dane en su más reciente encuesta.

Las conclusiones que el análisis arroja apuntan a que existe entre algunos mandatarios departamentales y municipales, un manifiesto descuido en la gestión pública, lo que nos hace suponer que son otros los intereses que guían a algunos de quienes ocupan cargos de administración y orientación,  agregándole a  ello  la politiquería y la falta de planificación,   circunstancia que  no se compadece  con  lo que  debe ser un correcto manejo administrativo de la cosa pública, especialmente en lo que concierne a dirigir con pulcritud y buen criterio de eficiencia los recursos en pro de los sectores más necesitados.

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