No se puede negar que Gustavo Petro obtuvo un claro triunfo  en el debate electoral del pasado 19 de junio, por lo que no queda mal desearle éxitos en su gestión presidencial que se inicia  el próximo  7 de agosto, confiamos en que su equipo económico logrará sortear los desafíos que ha planteado el presidente electo.

En este caso también es digno de resaltar el buen desempeño de las instituciones electorales de nuestro país luego de superarse las dudas  presentadas en la primera vuelta en la que indiscutiblemente fracasaron las alianzas, lo cual fue contundentemente  corroborado en la segunda y vuelta del 19 de junio, a partir de cuya fecha el presidente electo ha hecho aflorar un indiscutible talento conciliador. Lo que se vislumbra es que esta estrategia le facilite el surgimiento de una óptima gobernabilidad que propenda por el fortalecimiento de nuestra democracia, una aspiración esquiva en gran parte de América Latina.

Lo cierto es que –hasta ahora– Petro no ha hecho gala de su  acostumbrada retórica, notoria a lo largo de su prolongada carrera política, sino que ha mostrado algunos esfuerzos que hasta ahora parecen autóctonos respecto a la conformación de alianzas partidistas que le permitan convertir en realidad varios de sus ambiciosos programas esbozados durante su campaña, muchos de los cuales en la actualidad no cuentan con una suficiente financiación.

Tal como él mismo lo ha venido pregonando, los tantos retos que le esperan a Petro no se circunscriben al incremento de  la tributación en Colombia sin ahuyentar el capital; deberá mejorarse la distribución del gasto para favorecer a los pobres y disminuirse el desempleo a un dígito por la vía del aceleramiento del crecimiento y la formalización.

La mejor prueba sobre la conveniencia de ofrecer apoyos tempranos a los más necesitados de Colombia se patentiza en reconocer la acertada escogencia del experimentado José Antonio Ocampo como ministro de Hacienda, quien es bastante conocedor de los temas que son las bases del andamiaje económico no muy perfecto de nuestro país.

Resulta entendible que el equipo económico del próximo presidente de los colombianos, pretenda incrementar la tributación evitando la ampliación de la cobertura del IVA, dados los complejos e inolvidables sucesos de abril de 2021 en las calles de las principales ciudades de Colombia.

Se espera que el equipo económico encabezado por el Ministerio de Hacienda logre sortear los desafíos de mediano plazo que planteó el presidente electo durante su campaña, sin desviar el aceptable desempeño de nuestra economía en épocas de pandemia y después de ella.

Algo que produce inusitada expectativa entre la ciudadanía es cuál será el contenido de los proyectos de ley que el nuevo gobierno someterá a consideración del Congreso de la República, no cabe duda que este tópico se constituirá en un primer indicio del rumbo que adquirirá la actividad parlamentaria en las sesiones que se iniciarán el próximo 20 de julio.

No cabe duda que una de las  decisiones más esperadas en estos días por el país político, es quién o quiénes tomarán la vocería de la oposición, teniendo en cuenta que según la norma que consagra las garantías para su ejercicio, la define como un derecho que permite proponer alternativas, disentir, criticar, fiscalizar y ejercer libremente el control político de la gestión del Gobierno.

Amanecerá y veremos

#politicaconlibertad